

Ver sangre en el cepillo de dientes o al usar el hilo dental se ha normalizado hasta el punto de que muchas personas lo ignoran: «siempre me ha pasado», «será que me cepillo fuerte». Sin embargo, el sangrado de encías nunca es normal. Es la señal de alarma que nuestro cuerpo envía para advertirnos de que algo no va bien en los tejidos que soportan nuestros dientes.
En Clínica Letamendia (Getxo) recibimos a diario pacientes preocupados por este síntoma. Nuestro objetivo es ayudarles a entender la diferencia entre gingivitis y periodontitis, dos enfermedades relacionadas pero con pronósticos muy distintos, para que actúen a tiempo y protejan su salud bucodental.
Las enfermedades periodontales son infecciones bacterianas que afectan a los tejidos que rodean y sostienen los dientes: encía, ligamento periodontal y hueso alveolar. Su origen está en la placa bacteriana, esa película pegajosa que se forma constantemente sobre los dientes y que, si no se elimina con un cepillado correcto, se calcifica y se convierte en sarro.
La gingivitis es la inflamación de las encías causada por la acumulación de placa en el surco gingival (la zona donde la encía se une al diente). Se manifiesta con encías enrojecidas, inflamadas y que sangran fácilmente. La buena noticia es que, en esta fase, el daño es completamente reversible: una limpieza profesional y una mejora en la higiene domiciliaria pueden devolver la encía a su estado saludable.
Si la gingivitis no se trata, las bacterias avanzan por debajo de la línea de la encía, formando bolsas periodontales y provocando la destrucción del hueso que sostiene los dientes. Esta fase se denomina periodontitis. A diferencia de la gingivitis, el daño óseo causado por la periodontitis es irreversible: el hueso perdido no se regenera de forma natural. Sin tratamiento, la enfermedad progresa hasta causar movilidad dental y, finalmente, la pérdida de piezas.
En Clínica Letamendia utilizamos el TAC dental para evaluar con precisión el nivel de pérdida ósea y las sondas periodontales calibradas para medir la profundidad de las bolsas. Este diagnóstico avanzado nos permite detectar la enfermedad en fases tempranas y establecer un plan de tratamiento personalizado.
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Muchos pacientes con periodontitis no sienten dolor hasta que la enfermedad está muy avanzada, lo que hace que el autodiagnóstico sea difícil. Por eso es fundamental conocer los síntomas de la periodontitis y acudir al especialista ante cualquiera de estas señales:
El tratamiento de las encías sangrantes depende de la fase de la enfermedad. En gingivitis, una higiene dental profesional y la instrucción en técnicas de cepillado suelen ser suficientes. En periodontitis, es necesario realizar un curetaje dental (raspado y alisado radicular), un procedimiento que elimina el sarro y las bacterias de las bolsas periodontales bajo anestesia local. En casos avanzados, puede requerirse cirugía periodontal para acceder a las zonas más profundas o regenerar tejido perdido.
Se realiza con anestesia local, por lo que el procedimiento es indoloro. Tras la sesión puede haber sensibilidad leve que remite en pocos días.
La periodontitis se puede controlar y estabilizar, pero el hueso perdido no se recupera de forma natural. Por eso es crucial actuar en fases tempranas.
Depende de cada caso. Pacientes con periodontitis controlada suelen requerir mantenimientos cada 3-4 meses; pacientes sanos, cada 6-12 meses.
Comprender la diferencia entre gingivitis y periodontitis puede marcar la diferencia entre conservar tus dientes o perderlos. El sangrado de encías es una llamada de atención que no debes ignorar. Cuanto antes actúes, mejor será el pronóstico.
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